martes, 7 de marzo de 2017

La piedra filosofal de Maider López

Maider López. – Zoom In y Moving Stones
21 enero – 11 marzo, 2017
Galería Espacio Mínimo en C/ Doctor Fourquet, 17, (28012) Madrid
21 enero – 11 marzo, 2017
Museo Geominero en C/ Ríos Rosas, 23, (28003) Madrid
Elena Revilla López

            Todo parecería indicar que Madrid, durante los meses de enero, febrero y marzo, se ha convertido en una feria de geología. Pero no, en este caso no han sido profesionales de lo pétreo quienes nos han mostrado el camino hacia todo un inédito imaginario de diversos paisajes, esta vez el honor corre a cargo de la artista Maider López (San Sebastián, 1975). Su obra, la cual nos tiene acostumbrados a ver cómo interviene en todo tipo de espacios, hará acto de presencia entre las colecciones de rocas, minerales y fósiles del Museo Geominero con Moving Stones / Piedras en movimiento, la galería Espacio Mínimo con Zoom In e incluso entre el bullicio de la multitudinaria ARCO con 25 People on 25 Hills, 25 People on 1 Hill. Todas las obras recogidas muestran instantáneas que acercan al espectador las zonas recónditas e inimaginablemente bellas de la región histórica turca de la Capadocia. Las fotografías de la artista nos enseñan otras formas de tantear y estudiar aquello que nos rodea, prestando más atención (o enfoque, en términos más parejos a las muestras) a un aspecto determinante: el color. A veces olvidado o que pasa desapercibido teniendo en cuenta la gran influencia del mass media en nuestra sociedad, donde nuestro propio dispositivo móvil o smartphone ya nos permite hacer fotografías sin límites o sin dedicar una breve pausa para su posterior visualización. Aquí radicará la importancia de estos proyectos de Maider López, pues el visitante podrá sentir más de cerca paisajes que normalmente encuentra extremadamente lejanos, a excepción de nuestro ejemplo peninsular de la estepa aragonesa de Los Monegros, claro.

            Tras visitar ambas exposiciones, asimilo y veo la buena intención y posterior éxito del trabajo de Maider López, sobre todo en su trasfondo más perverso dónde se puede llegar a vislumbrar cómo actualmente el ser humano sigue con la dichosa manía de alterar todo lo que toca, en la mayoría de las ocasiones incluso con premeditación y alevosía. Pero es así, es una verdad universal que no podemos vivir quietos, inmóviles o sosegados ante el transcurrir natural de todo aquello que envuelve y rodea nuestra burbuja, siempre destacamos por tener una gran manía por modificar, palpar, cambiar y transformar. Era de esperar que la naturaleza no se quedase al margen de todo esto, y si no que se lo digan al Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar en la costa de Almería, que a día de hoy desde hace más de catorce años todavía sufre su desgaste con el esqueleto del famoso Hotel El Algarrobico. Sin embargo, pese a estar totalmente suspensos en conservación, por suerte algunas veces, encontramos una flor entre los escombros, o al menos pienso en esa metáfora mientras observo algo incrédula la pieza Columna, un veraz reflejo del estudio que refleja nuestro torpe paso por el mundo.

            “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos”, o eso es lo que nos intentó enseñar Antonio Machado en sus Cantares. Este sendero a veces puede estar muy nítido y otras, como vemos en Zoom In, algo borroso. Sin saber todavía cómo, me pierdo, no consigo captar el por qué de las obras expuestas. Me siento desubicada y desconcertada como Dorothy cuando insistía a la Bruja del Norte acerca de qué senda seguir y esta le respondía que siempre siguiese el camino de baldosas amarillas. Maider López con su proyecto nos ha puesto el camino de los azulejos de colores para captar mejor esa máxima expresión del paisaje en sus fotografías como símbolo de su piedra filosofal. Desgraciadamente, yo no he conseguido encontrarla, eso sí, animo al visitante a que no cese en su búsqueda.

Frío, frío que este concepto no es mío

Espacio: Galería Espacio Mínimo, Museo Geominero, Feria de Arte Contemporáneo ARCO 
Duración: 21 de Enero al 11 de Marzo y en ARCO del 22 al 26 de febrero 
Título de la exposición/es: Zoom In, Moving Stones, 25 People on 25 Hills 
Artista: Maider López 

By: Álvaro Orosa Talarewitz


Un proyecto, un concepto, tres espacios diferentes. Tanto en la galería Espacio Mínimo, en el Museo Geominero, como en el stand de la galería en ARCO, el efecto que me produce la obra de Maider López en su proyecto “Zoom In” es el mismo: me quedo bastante frío.  Es como una sopa un tanto insípida, cierto es que si uno se esfuerza se la puede comer, no es que sea vomitiva, ni mucho menos, ojo con las venas misantrópicas, pero a uno le deja indiferente. El esfuerzo que le exige al espectador de trasladarse a tres espacios diferentes (y más concretamente al espacio de ARCO, donde uno es invitado o ha de pagar una excesiva entrada) para mí, no está justificado. 
Uno puede pensar que podemos perseguir la belleza de Venus hasta el final del mundo, entre inclemencias de tormenta y nieve, pero de eso, a perseguir a Maider López, hay una poderosa distancia. Si uno la contempla detenidamente el concepto es casi atractivo, la técnica es más que buena, el discurso… casi bien hilado. La trayectoria a través de las diferentes bienales y exposiciones individuales la abala, uno casi puede ir predispuesto a adorarla, pero a mis ojos la realidad es ciertamente diferente. No me ha conquistado. No es la primera vez que sucede, ni será la última, lo mismo me sucede con la admiración que puedo sentir por la fotografía de Ricardo Cases, y sus diferentes series como “Sun”, actualmente expuesta en La Fresh Gallery de Madrid, o “Paloma al Aire”. Dos series de fotografías francamente buenas, pero con una identidad poco romántica que a mí no me termina de atraer. 
Tal vez es que el concepto está bastante trillado y eso es lo que me repele. Lo hemos visto mil veces a través de las mal llamadas ya “vanguardias históricas”, pero con mucha más gracia a través del fauvismo, los colores, los diferentes escritos de Goethe, o las relaciones románticas entre el hombre y la naturaleza. Incluso cierto carácter decimonónico de clasificar a través de los colores o las localizaciones de las piedras. Las reflexiones entre lo que podemos entender como artificial, o que será aquello que es natural, la intervención del hombre en la naturaleza, la alteración de algo superior… Todo esto en realidad nos llama a la definición de la palabra innovación. Antes innovar se caracterizaba por la actividad creativa de la originalidad, hoy realmente la innovación habla de coger un concepto y transformarlo para darle una vuelta de tuerca. Esto en el arte se da así puesto que las vanguardias y el arte contemporáneo del siglo XX producen un efecto de creación difícil de superar. Pero este no es el caso de ninguna de las dos definiciones. No encuentro especialmente interesante que se me den muestras de color artificiales de los elementos naturales que hay en las fotografías, ni encuentro interesante una serie de coordenadas de piedras inamovibles, por intervención de la humanidad en este caso, móviles. 
Francamente, como he dicho, básicamente no encuentro nada a lo que disparar en la exposición de esta muestra tan gris, que en cierto sentido se adapta de manera bastante buena al sistema de valores en el que nos movemos hoy en día, entre lo blanco y lo negro. Uno tal vez de esta manera puede entender que puesto que no muestra puntos negativos es digno de ser contemplada “para pasar tal el rato”, pero a mi parecer esto no es aceptable. Ya en la biblia se ofrece el dogma sobre esta clase de identidades, puesto que a los grises al decir de Cristo “los vomitaré de mi boca”. 


Menos da una piedra pero para una exposición es suficiente

Maider López - Zoom InGalería
Espacio Mínimo C/ Doctor Fourquet, 17
Del 21 de Enero hasta el 11 de Marzo de 2017



                                                                                        Karim Gómez Giralde 


De Copadocia a Espacio mínimo, un espacio único y mínimo para una exposición vacía, vacía en el sentido figurativo, en el sentido de los pocos sujetos u objetos que aparecen en las obras o al menos que importen al espectador, todo se reduce a lo mínimo para hablar de algo más importante y que el espectador debe disfrutar, la naturaleza. Maider López pretende trasladarnos directamente a la zona, sea en fotografía o incluso en objetos propios de la naturaleza. Pero realmente teletransporta al espectador a la naturaleza, o más bien se queda en una fotografía pobre que pretende jugar con el esteticismo, como si de un anuncio de Pantone se tratase Maider decide poner a unas ciertas personas, que ni importan, sujetando unas muestras de colores haciendo un guiño a que el color presentado en la muestra es similar al que se encuentra en la naturaleza. Es inevitable pensar en la famosa marca Pantone y que encontramos miles de hashtags en las redes sociales y si nos paramos un rato a observar estas fotografías amateurs nos encontramos a Maider López en todas partes del mundo, pues no es algo inventado por ella, quizás lo más famoso es coger un fragmento de una película y que el fan vaya al lugar donde se grabó y superponga el fragmento de la película, impreso en una fotografía, sobre el paisaje real y haga una foto, dando como resultado una meta fotografía, y que al fianl es prácticamente un juego de postureo en las redes sociales que queda bien entre amigos, pero para una artista como Maider no creo que su propósito sea precisamente el del postureo.


Si jugamos con el nombre de la galería donde se expone tenemos la otra vertiente y quizás más positiva, el arte minimal, es inevitable no caer y pensar en que Maider López ha intentado crear una fotografía minimal mientras menos elementos haya más directo es el mensaje, elementos básicos para un público básico, es la idea al fin y al cabo es la principal idea de la artista. También el minimo se refleja en la pieza que encontramos en la sala de abajo, porque no hay más mínimo y básico que una piedra, y si juntamos un montón de piedras ya tenemos una pieza que nos habla de una intención de traslado, es como cuando compras huevos de una granja u otros productos agrícolas, te llevas la huerta a casa, pues aquí te llevas la naturaleza a la ciudad, no es necesario que vayas a Capadocia pues ya tienes una esencia de allí en un espacio pequeñito cuadrado y apilado.


El traslado continua y la siguiente parada de las piedras de Maider López es el Museo Geominero, un museo que no suele entrar en los recorridos canónicos del arte pero que para esta exposición cobra mucho sentido porque al fin y al cabo la exposición de unas piedras no encuentra mejor lugar que un museo lleno de ellas, parece que es la única manera que tiene el arte contemporáneo entrar en las paredes de un museo de tal calibre como lo es el Museo Geominero y en este caso Maider entra por la puerta grande y hace algo innovador, conseguir que se exponga arte contemporáneo en el Museo Geominero. Para concluir y terminar la Maider Experience nos encontramos con la exposición por parte de Espacio Mínimo, de nuevo, de su obra en Arco que viene a ser una reiteración de lo que ya hemos visto en la galería y que no destaca nada nuevo, solo continuidad a su serie de fotografías.

Luces, cámaras… color!

Maider López - Zoom In
Galería Espacio Mínimo
C/ Doctor Fourquet, 17
Hasta el 11 de marzo

Vanessa Álvarez

Maider López (San Sebastián, 1975) estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco, donde se licenció en pintura. Será en el año 1997 cuando reciba su primera beca y cuando realice su primera exposición. Esta artista desarrolla su trabajo siempre interviniendo sobre el espacio público, bien sean ciudades, entornos rurales, edificios… Sus obras necesitan un espectador activo que se involucre en la propia creación y juntos conformen un espacio alterado de la realidad. Esta artista expone por primera vez en la galería Espacio Mínimo con su exposición Zoom In, la cual se complementa con una serie de obras ubicadas en el Museo Geominero de Madrid y con otras que se pudieron contemplar en la pasada edición de ARCO 2017.

La artista a través las obras que podemos contemplar en la primera planta de la galería, intenta establecer un diálogo entre lo específico y lo general en un paisaje determinado, subrayando una serie de detalles que captan su atención por el color y los cuales refleja a través de una serie de baldosas monocromas. Con esto intenta individualizar una serie de elementos de un paisaje general y así poder percibir este de una manera completamente distinta, es decir, intenta crear nuevas formas de visualizar esta naturaleza, así como la manera de relacionarnos con ella. Maider López propone la experimentación de la naturaleza guiándose por el color y su percepción en un entorno concreto, en este caso, las montañas y valles de Capadocia y para ello no solo realizará estas baldosas, sino que además documentará el proceso de coloreado y el entorno a través de la fotografía. Sin lugar a dudas uno de los aspectos compositivos que más relevancia tienen en fotografía es el uso del color, bien lo mantengamos o bien decidamos realizar una imagen en blanco y negro. El empleo del color permite crear una narración interna en la fotografía haciendo que ésta conecte con el espectador de un modo u otro.

A la hora de realizar una fotografía, donde el color sea un elemento de narración debemos tener en cuenta factores como el tono, la saturación o la luminosidad. Estos tres elementos ayudan a construir una imagen, pero no solo eso, sino que además otorgan a dicha imagen narrativa propia, siendo capaz de establecer un diálogo con el espectador, ya que el color crea una serie de sensaciones que armonizan el conjunto fotografiado a través de otros factores como la intensidad o el contraste. Estos aspectos suelen pasar desapercibidos a simple vista, pero son sin duda los elementos que permiten y confieren al color la capacidad de narrar. En mi opinión el proceso de coloreado de estas baldosas para resaltar un elemento concreto del paisaje, tiene en fotografía un equivalente y es la imagen en la cual se aplica un coloreado selectivo a través de máscaras. Esta técnica o efecto tiene precedentes no sólo en el ámbito fotográfico más tradicional sino también en el mundo del cine como se puede ver en la película La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) y la famosa escena de la niña con el abrigo rojo.

Por tanto, si se quiere establecer una relación con la naturaleza y el entorno de Capadocia traer estas baldosas coloreadas te aproxima un poco a ella, pero a la hora de focalizar la atención sobre la imagen y a esos detalles que la artista pretende, no se acaba de completar ya que la composición fotográfica tampoco centra la atención sobre estos, en el caso de los planos generales y en el caso de los demás planos, el foco de atención visual no siempre es el que ha llamado la atención de la artista. 

Caminar es un arte


Zoom In y Moving Stones

Galería Espacio Mínimo y Museo Geominero
(21 de enero al 11 de marzo de 2017)

Inés Flórez Lancha





Cuando estoy en el campo, deseo vegetar como las plantas. Debemos estar dispuestos a recibir todo tipo de impresiones y dejar que los pensamientos adquieran el color de lo que vemos. William Hazlitt en Caminar.

La propuesta de Maider López recogida en Espacio Mínimo y el Museo Geominero, resulta de especial interés para todo amante de la naturaleza. Pero no solo eso, a pesar de la simplicidad aparente de la obra, el significado de sus acciones van mucho más allá, queriendo cuestionar el impacto que tiene el hombre sobre el lugar en el que vive, la huella que deja en las zonas por las que pasa y cómo reacciona el espacio ante esta intromisión. La artista reitera además, en el deleite casi sagrado que experimenta aquel que camina.

La exposición juega con fotografías de paisajes, resultado de esos recorridos que realiza por los valles de Cappadocia, con los colores. De sus obras extrae los elementos y se queda con el color que predomina en ellos. Así, se verán piezas de diferentes tonalidades cromáticas en la exposición, tanto en diálogo con las obras, como en las mismas fotografías. Fruto de esto se crea un espacio armonioso y al mismo tiempo ayuda al espectador a mirar a través de los ojos de la artista. Es posible ver los colores que ella ve en la naturaleza, de manera que una vez visualizados es difícil focalizar la atención en otro elemento de la fotografía. Maider López dirige la mirada hacia aquello que quiere resaltar y lo hace de forma sutil pero recurrente. Resulta novedoso y atractivo especialmente por esto, y es que no se trata solo de imágenes de paisajes al uso, sino que son casi una intromisión en la naturaleza y un diálogo con ella.

Esta última idea se hace más patente en la segunda parte de su exposición, que tiene lugar en el Museo Geominero. Moving Stones reitera en esa comunicación entre el hombre y su espacio, pero esta vez de manera más directa. La artista participa activamente en la naturaleza y la altera para mostrar ese pequeño o gran impacto que puede tener el hombre sobre su entorno. Su acción es tan sencilla como ingeniosa, basada en mover piedras de un lugar a otro y mostrando al mismo tiempo las coordenadas de la ubicación inicial y final del elemento. El resultado son fotografías del antes y el después de la acción. Resulta especialmente interesante porque las fotografías se insertan en un espacio donde los minerales se convierten en objeto de estudio, y la ubicación de las mismas se alterna con las vitrinas de éstos.

Esta exposición invita al espectador a agudizar su mirada, a ver lo grande y lo pequeño, y a deambular por la naturaleza de un modo diferente. El paisaje se convierte en un espacio de creación donde el caminante tiene un papel de artista, que desempeña principalmente a través del color. La idea del “caminar” bajo esa mirada artística se remonta a tiempos atrás, muchas veces relacionada con la metáfora de la vida y la reflexión, lo que se deduce de la expresión “Homo Viator”, o la figura que vaga por la ciudad como el flâneur. Son innumerables las reflexiones sobre el tema del paseo y del caminar. El propio Cervantes enaltece esa idea del caminar con el “andante” Don Quijote, sin embargo también se pueden citar a otros escritores como Karl Gottlob Schelle, William Hazlitt o Henry David Thoreau. Zoom In entronca con esta larga tradición que considera el caminar como una experiencia artística y espiritual, donde uno es capaz de dialogar consigo mismo y con el espacio que le rodea.
Acción-Reacción
Zoom In
Galería Espacio Mínimo
Moving Stones
Museo Geominero
 Artista: Maider López
Del 21 de Enero al 11 de Marzo.(2017)

Yaiza González López.

Partitura que indica al intérprete Tacet, la no intervención del músico durante un tiempo concreto, John Cage lo interpreta obteniendo de lo especifico un impacto genérico equiparable al movimiento caótico del efecto propuesto por Lorenz. Maider López plantea la repercusión de lo específico sobre la naturaleza a través del color, transformando así, la experiencia sensorial. La fóvea de nuestro ojo se concentra en un aspecto concretizado de la información que recibe al visionar los paisajes de Capadocia, atravesados por un elemento, una parte de la partitura que responde a un componente artificial de la superficie como es un azulejo cromatizado. Activación de un ejercicio visual documentado en base a la construcción de lo expuesto. Dicho azulejo se activa comparativamente a los planos subjetivo voyeur del cine de los orígenes, donde el fisgón mira a través de una cerradura o de unos prismáticos. Con ello, se produce un proceso de selección en cuanto a que espacio queda dirigida la acción óptica como una delimitación del marco de lo visible por el ojo. En este caso el Zoom in, se multiplica en acción y exposición, donde la segunda viene condicionada por la posibilidad de acercamiento con la obra fotográfica que Espacio Mínimo delimite en su registro de normas para el espectador/visitante/"mentalmente perturbado", como bien denomino la revista "Atticus" a la persona que intervino, no sobre el paisaje, sino sobre la piedad de Buonarroti, quién sabe si con intención artística o no, el impacto tanto en virgen como en espectadores del espectador/¿activista?/¿mentalmente perturbado?, supuso un estado colectivo de histeria y shock, común al naturalizado sentimiento colectivo que promueve La société du spectacle actual. Frente a esta relación sensitiva con el mundo donde el gran ojo pretende devorarlo todo, la artista promueve lo opuesto, detenimiento frente a la velocidad, la fijación sobre un punto, en oposición a "la inmensidad y belleza del paisaje" como expone.
 La acción del voyeur queda cumplimentada por la del flaneur, actuando en la transformación que parte de la mínima intervención sobre el paisaje para develar su cambio. Moving Stones, expuesta en el Museo Geominero planteando un diálogo con la galería, acciona las obras y los espacios expositivos, estos últimos con la inclusión de una obra de arte contemporáneo en un museo geológico. Adoptando, de manera científica, la documentación de esta pequeña acción sobre el movimiento de las piedras, dado a través de las coordenadas de los distintos desplazamientos y unidos al trabajo de campo presentado por el registro fotográfico. Retomando "lo artístico" mediante la esculturización del material transportado se produce una paradoja o una ciencia, este vez ficción, sobre esta "sustancia material", puesto que posibilita o acciona el movimiento de la piedra, lo esencialmente inmóvil movilizado, produciendo una aceleración e inclusión por parte del acto artístico en el proceso natural. No obstante, no es el movimiento sino la consecuencia del mismo lo importante, retomando a Edward Lorenz y la teoría del Caos, esta acción primera por ínfima que parezca puede desencadenar resultados impredecibles futuros, y con ello nos referimos a las acciones artísticas.
 Puede acogerse a su vez al mismo posicionamiento frente a la sociedad de Debord convirtiendo "la declinación de ser en tener" donde los actos intencionados que producen impacto son siempre los grandes actos, la "super bowl", o no necesariamente colosales en sí, pero si en sus consecuencias, como ocurrió con la tragedia del día que Telecinco no emitió "Mujeres hombres y viceversa", produciendo que estos actos interpretados por Maider López la configuren, a estos ojos actuales, en un Sísifo más.
“Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por su tormento"
El mito de Sísifo. Albert Camus.


lunes, 6 de marzo de 2017

Querer quiero, pero no puedo.

Maider López .- Zoom In
Galería Espacio Mínimo
C/ Doctor Fourquet, 17
Hasta el 11 de marzo

Aitor Merino Martínez

 «Que la fe mueve montañas uno lo empieza a comprender más tarde.
Y si no… siempre puedes mover piedras.»
Aitor Merino Martínez a partir de Maider López

La Galería Espacio Mínimo acoge por vez primera un proyecto de la artista donostiarra Maider López. Un montaje monumental dividido en 3 espacios complementarios: el Museo Geominero, la propia galería y su stand en la feria Arco.  No son pocas las críticas recibidas por sus replanteamientos del espacio público (sólo es necesario recordar el feroz artículo de María Peña Lombao a raíz de su intervención en el museo MARCO desplazando la planta del edificio y consiguiendo con ello construir un precioso banco de medio metro atravesando las salas de la planta baja), tal vez por ello haya abandonado la intervención pública para acercarse en este trabajo a unos planteamientos Pseudo-ecologistas.

Aun con las enormes diferencias que las separan, no resulta especialmente complicado crear un paralelismo entre esta propuesta y la dudosa 1645 Tizas que presentó en Matadero hace ahora un año. En ambos proyectos plantea una trasformación del color: mientras que en Matadero convertía el inmenso espacio en un enorme White Cube, esta vez repinta azulejos en un intento por capturar el color de la naturaleza y llevarlo al espacio galerístico (¡nada menos!). En ambas propuestas presuponemos un trabajo grupal previo realizado a puerta cerrada que se nos hace palpable en el resultado expuesto y la documentación aportada. En ambos casos necesitamos alejarnos y acercarnos a la superficie, sólo así podremos percatarnos de las marcas dejadas por la tiza sobre las paredes de la Nave 16 o los pequeños azulejos repartidos por el suelo de la galería. Ambas utilizan la repetición de gestos mínimos para la construcción de obras aparentemente grandiosas, aunque en este caso podríamos dudar de la grandiosidad de esta columna con pretensiones brancusianas.

Como señala la propia artista en la hoja de sala, frente a un paisaje le resulta imposible fijar la atención en un solo color de entre todos los que le conforman. En esta ocasión realiza el proceso inverso y ensalza un solo color a la categoría de arte. Pregunta aparte sería qué nueva percepción del paisaje quiere lograr pintando azulejos, ¿no sería más fácil trasladar directamente los elementos naturales que le dictan el color (una planta, una piedra o una colmena) al espacio galerístico ahorrándonos la mínimo participación de estos estudiantes universitarios? Si Angélica Dass demuestra en su descomunal serie fotográfica lo absurdo de utilizar expresiones como “persona blanca” por la inexactitud de esta y la simplificación que realiza de tal cantidad inmensa de pantones, más absurdo es que Maider pretenda simplificar el polícromo paisaje de los valles de Capadocia en 40 azulejos de colores.


El montaje de la exposición tampoco es que resulta totalmente atinado. A pesar de lo que su nombre dice, las salas de la galería Espacio Mínimo tienen bastante poco de esto último. Un puñado de fotografías dispersas por la sala a diversas alturas, unos azulejos en el suelo que te hacen dudar de si verdaderamente forman parte de la muestra, una brocheta de piedras y un papel impreso con coordenadas geográficas no creo que aprovechen lo más mínimo las posibilidades del espacio. La muestra es un constante quiero y no puedo: unos azulejos que quieren proponer una nueva forma de experimentar el paisaje, una obra  que pretende tener una repercusión social a través de la implicación de un puñado de estudiantes universitarios, un montaje que juega con el inmenso espacio y sus diferentes alturas  colocando obras en mitad de la escalera… una disposición de los objetos con clara tradición minimalista que más que posibilitar una nueva experimentación del paisaje nos permite comprender cómo sería la obra de Carl Andre si este fuese daltónico. Querer quiero, pero no puedo.  Antes de dejarse los ahorros en esto, mejor enterrarlos junto a los otros 10.000 de Karmelo Bermejo.